La Semana Santa 2025 en Ribarroja del Turia volvió a envolver nuestro pueblo en un ambiente de recogimiento, tradición y profunda devoción. Las calles se llenaron de emoción gracias al compromiso de las Dolorosas, verdaderas protagonistas de estos días. También fueron esenciales los acheros, los niños y niñas que acompañaron cada procesión con respeto y alegría.
Viernes de Dolores: la Virgen del Silencio
La celebración arrancó el Viernes de Dolores. En este día honramos a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, contemplando su corazón traspasado por el sufrimiento ante la Pasión de su Hijo. La celebramos con una Eucaristía íntima pero muy especial. Es el momento en el que las Dolorosas se visten por primera vez en la Semana Santa 2025, gesto que es mucho más que una tradición, es una expresión de comunión con María, de caminar junto a ella en el misterio del dolor redentor, recordando que su fidelidad silenciosa la convierte en modelo perfecto del discípulo. Fue un acto cargado de emoción, en el que cada gesto simbolizaba el inicio de una vivencia profunda que se extendería durante toda la semana.

Domingo de Ramos de la Semana Santa 2025: entre palmas y cruz
El Domingo de Ramos trajo la alegría de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Las palmas y ramos llenaron la procesión de color, seguida de la Eucaristía que nos introjo en la paradoja del amor de Dios: el mismo pueblo que aclama a Jesús como Rey apareció en el Evangelio según san Lucas condenándolo. Las palmas benditas son signo de victoria, pero también de conversión, invitándonos a entrar con Él en la Pascua. Esa misma noche, el silencio y la reflexión tomaron el relevo con el primer Vía Crucis, en el que vecinos y vecinas recorrieron las calles en una conmovedora representación del camino de Cristo hacia la cruz, que nos unión espiritualmente a su sufrimiento y a contemplar el misterio de la salvación desde dentro, paso a paso, en cada estación.





Jueves Santo: amor, entrega y adoración
Durante el Jueves Santo, la comunidad se reunió para conmemorar la Última Cena del Señor, en una celebración profundamente significativa que nos recordó el mandamiento del amor fraterno: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». El lavatorio de los pies, realizado con sencillez y hondura, fue un gesto que evocó la humildad de Jesús y su entrega total.
La colecta para Cáritas, realizada con generosidad (1971,61€), unió la liturgia con la caridad concreta, recordándonos que no puede haber comunión sin compromiso con los más necesitados. Al finalizar la celebración, el Santísimo Sacramento fue trasladado solemnemente al Monumento, que este año se preparó en la puerta de la Capilla de la Comunión
La jornada concluyó con la Hora Santa nocturna, en la que acompañamos a Jesús en su agonía en Getsemaní, y muchos fieles se unieron a la tradicional noche en vela, permaneciendo ante el Señor en oración, como signo de amor vigilante y fidelidad.



Viernes Santo: la cruz que salva
El Viernes Santo nos sumergió en el abismo del sacrificio de la cruz, donde Jesús se entrega por todos nosotros. Adorar la cruz no es mirar el sufrimiento con resignación, sino contemplar el amor llevado hasta el extremo.
Lo vivimos con intensidad desde primera hora con el segundo Vía Crucis matinal, y más tarde con los oficios y la adoración de la cruz, en un clima de recogimiento total. Terminamos el día con la procesión del Santo Entierro, que nos invitó a acompañar a la Virgen en su soledad y a no temer la noche, sabiendo que el sepulcro no tendrá la última palabra. En ella, vivimos un momento muy especial, en la Semana Santa del 2025, por primera vez, las Dolorosas entramos el Cuerpo de Jesús yacente en la Parroquia para ponerlo en el sepulcro.








Vigilia Pascual: la noche de la luz
El Sábado de Vigilia se convirtió en una noche de esperanza, donde la luz venció a la oscuridad y se celebró la Resurrección de Cristo con solemnidad. Fue muy especial poder compartir esta alegría con toda la comunidad de nuestra parroquia y la celebración fue súper especial, ya que participaron muchos grupos parroquiales.
La Vigilia Pascual es la celebración más importante del año litúrgico: en ella, la Iglesia vela junto al sepulcro, esperando que la vida venza. Encender el cirio pascual en la oscuridad expresa que Cristo es la luz que ninguna tiniebla puede apagar. Escuchar las lecturas de la historia de la salvación y renovar nuestras promesas bautismales nos hace pasar también a nosotros de la muerte a la vida. Es la noche de las noches, donde renace la esperanza.




Domingo de Resurrección: el gran Encuentro
Y como broche de oro de esta Semana Santa 2025, el Domingo de Resurrección volvió a regalarnos uno de los momentos más esperados y emocionantes: El Encuentro entre la Virgen y el Cristo Resucitado. Las Dolorosas, los acheros, los niños y todo el pueblo se unieron para celebrar este instante único, en el que se soltaron palomas, globos y se lanzó una traca, y la Banda Unión Musical tocaba nuestro himno mientras se descubría el rostro de la Virgen. Un momento mágico que llenó de alegría y esperanza a todos los presentes.
Este Encuentro simboliza la victoria definitiva de la vida sobre la muerte, de la alegría sobre el llanto. Ver a María encontrarse con su Hijo Resucitado es contemplar el cumplimiento de todas las promesas. Es un anticipo del gozo eterno que nos espera, y una invitación a vivir como testigos de la Resurrección. Las palomas que vuelan al cielo, los globos, los aplausos… son el eco visible de una alegría que brota del alma: Cristo vive, y nosotros vivimos en Él.



Gracias a todos los que han hecho posible esta Semana Santa: a todas las Dolorosas por su entrega, a los acheros por su apoyo constante, y a los más pequeños por su entusiasmo y respeto. Ribarroja ha vivido, una vez más, una Semana Santa inolvidable, donde la fe, la tradición y el amor de Dios han tocado el corazón de todos.

